Tomado del libro “En brazos del Amado. Antología de poemas místicos” de Rumi

Yo estaba allí el primer día, antes de que nada tuviera nombre.

Aquel día no había “yo” ni “nosotros”.

Todos los nombres y todo lo nombrado llegaron después a mí.

En un solo rizo del Amado vi nacer la creación, vi formarse cada nombre y aparecer cada objeto.

Sin embargo, Él no estaba allí

Miré en las cruces de cada iglesia, pero Él no estaba allí.

Peregriné a los templos de la India y a los santuarios de China, pero Él no estaba allí.

Busqué en los montes de Herat y Candalar, pero Él no estaba allí.

Escalé la  lejana cumbre del Qaf y sólo hallé el nido del Fénix vacío.

Visité la Kaaba, pero Él no estaba en ese turístico lugar entre jóvenes y viejos peregrinos.

Leí los libros de Avicena, pero Su sabiduría eludió cada palabra.

Llegué a lo más alto del trono a dos codos de distancia, pero Él no estaba allí.

Entonces miré en mi propio corazón y allí Le encontré: No estaba en ningún otro lugar.

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