La existencia del amor a primera vista, ese flechazo que sentimos al conocer a alguien irresistiblemente atractivo para nuestro gusto, es defendida a diario por cientos de individuos, quienes aseguran haber experimentado este tipo de sentimiento, que no siempre responde a nuestros criterios de selección de pareja.
No es tan sencillo como lo pintan…
Muchas son las personas creen en el amor a primera vista. Sin embargo, según los especialistas, esta concepción es realmente discutible.
Expertos en el tema consideran que el amor no surge súbitamente.
“Sucede que algunos confunden la atracción con el amor, se obsesionan y se dejan llevar por la emoción que sienten. En estos casos, puede que la relación fructifique, pero no nace siendo amor. Este conjunto de sentimientos se construye y aparece cuando los enamorados aprenden a aceptarse tal cual son”, plantean.
Según Heinrich Bruchner, lo que se siente en el primer momento puede ser auténtico, pero su solidez y estabilidad no pueden valorarse desde el principio. Puede ser, incluso, que seamos correspondidos, pero en ocasiones esto se desvanece, porque los seres humanos se desarrollan constantemente.
Cupido tiene la culpa
El impacto emocional que experimentamos al conocer a otra persona y quedarnos completamente deslumbrados, no es más que un flechazo de Cupido, una especie de enamoramiento repentino que no permite pensar en nada más.
Una mezcla de esa química que atrae o aleja a los seres humanos, con la idealización que cada uno elabora sobre el otro y, posteriormente, trasladamos a un individuo en específico.
En cambio, el amor es otra cosa: implica además de atracción, deseo, cariño, conocimiento mutuo, porque nadie puede amar a quien no conoce. También respeto, confianza, preocupación por todo lo que guarde relación con la persona amada y aceptar a nuestra pareja con sus virtudes y defectos.
Osea, el verdadero fruto que puede dar o no el enamoramiento y exige estabilidad y perdurabilidad: dos criterios que confirman su verdadera existencia.